{"id":24,"date":"2026-07-04T11:44:07","date_gmt":"2026-07-04T11:44:07","guid":{"rendered":"http:\/\/www.ducadodecantabria.org\/?page_id=24"},"modified":"2026-07-13T16:46:46","modified_gmt":"2026-07-13T15:46:46","slug":"institucional","status":"publish","type":"page","link":"https:\/\/www.ducadodecantabria.org\/index.php\/institucional\/","title":{"rendered":"Institucional"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El necesario reconocimiento del Ducado de Cantabria<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>El gran historiador Enrique Fl\u00f3rez escribi\u00f3 en el siglo XVIII en su libro Las Reinas de Espa\u00f1a, que Vermudo I \u2013nieto de Pedro, Duque de Cantabria- tiene \u201cla gloria de ser tronco del \u00e1rbol de nuestra Casa Real y no haber tocado otros la materia, conviene no omitirla\u2026\u201d.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\"><strong>La Real Academia sentenci\u00f3 en un informe elaborado en 1916 que los or\u00edgenes de la Monarqu\u00eda \u201chay que buscarlos en la ind\u00f3mita Cantabria\u201d y el historiador asturiano Cotarelo se\u00f1ala que la Corona qued\u00f3 vinculada a la familia de Alfonso I \u201cy no sali\u00f3 de ella en varios siglos\u201d.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La noticia de los \u00faltimos d\u00edas de que una asturiana \u2013do\u00f1a&nbsp;<strong>Letizia Ort\u00edz Rocasolano<\/strong>&#8211; ser\u00e1 la pr\u00f3xima Princesa de Asturias y en un futuro Reina de Espa\u00f1a, ha generado una oleada de entusiasmo en el vecino Principado a trav\u00e9s de sus medios de comunicaci\u00f3n que, una vez m\u00e1s, monopolizan o se apropian la historia relevante del origen de la Monarqu\u00eda Espa\u00f1ola que ignora, desconoce o, simplemente oculta (a sabiendas), que la Dinast\u00eda que entronca con el actual Monarca don Juan Carlos I fue de origen c\u00e1ntabro y que los primeros Reyes fueron de la Casa de Cantabria, la primera de las dinast\u00edas de Espa\u00f1a que precedieron a las dem\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es indudable que Asturias tiene un pueblo que ama su historia y manifiesta un orgullo por un pasado del que est\u00e1 obteniendo evidentes rendimientos de todo tipo por esa vinculaci\u00f3n al origen de la Monarqu\u00eda, que ha oscurecido el protagonismo de Cantabria que los m\u00e1s rigurosos historiadores asturianos asumen en sus numerosas obras sobre este tiempo en un elogiable ejercicio de \u00e9tica y rigor. Un peri\u00f3dico de gran prestigio y liderazgo regional como&nbsp;<em>La Nueva Espa\u00f1a<\/em>&nbsp;recordaba hace unos d\u00edas \u2013en ese objetivo de asturianizar el origen de la Monarqu\u00eda- que la \u00faltima reina de origen asturiano fue Adosinda, casada con el Rey Silo, hija de Alfonso I el Cat\u00f3lico y nieta tanto de don Pelayo como tambi\u00e9n de Pedro, Duque de Cantabria. De todo ello vamos a referirnos en este art\u00edculo y en el de ma\u00f1ana, muchos cuyos testimonios de la historiograf\u00eda asturiana se encuentran recogidos en mi obra El Ducado de Cantabria, el origen de un Reino (Ediciones Tant\u00edn, 2002, 2\u00aa edici\u00f3n).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En la comunidad vecina y recientemente por el referido diario&nbsp;<em>La Nueva Espa\u00f1a<\/em>, de Oviedo, que viene repartiendo los domingos un suplemento sobre la historia de la Monarqu\u00eda Asturiana, en la publicidad de esta novedad editorial se hace una afirmaci\u00f3n que no es correcta: que entre el Rey don Pelayo y el actual Monarca hay una l\u00ednea de continuidad de trece siglos. No vamos a entrar en esta ocasi\u00f3n sobre el debate en torno a la patria de Pelayo \u2013en los finales del siglo XIX ya se gener\u00f3 una interesante pol\u00e9mica entre historiadores asturianos y monta\u00f1eses-, porque el rigor nos dice que ni puede afirmarse que don Pelayo fuera astur ni tampoco c\u00e1ntabro; solo Men\u00e9ndez Pidal se atreve a afirmar que en ning\u00fan caso era asturiano. Su padre, Favila, fue Duque de Cantabria y como entonces los nombres se transmit\u00edan de abuelos a nietos, el hijo de Pelayo tom\u00f3 el nombre de Favila, rein\u00f3 dos a\u00f1os y tras morir en una cacer\u00eda, dej\u00f3 el camino abierto al Rey c\u00e1ntabro don Alfonso, que cas\u00f3 con Ermesinda, hija de don Pelayo. Alfonso, que pas\u00f3 a la historia como el primero de los Alfonsos y el t\u00edtulo El Cat\u00f3lico, era el hijo mayor de Pedro, Duque de Cantabria.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Admitiendo, en una primera lectura, que el origen de la Monarqu\u00eda Espa\u00f1ola surge de la uni\u00f3n de las familias de Pelayo y de Pedro, Duque de Cantabria, lo que est\u00e1 fuera de duda es que la l\u00ednea sucesoria de Pelayo se extingui\u00f3 con Alfonso II el Casto, bisnieto de los dos l\u00edderes guerreros que iniciaron la Reconquista. Ambos pactaron el matrimonio de Alfonso y de Ermesinda, que fueron Reyes electivos a la muerte de Favila en el monte de la Calavera de Cosgaya (entonces conocida por Causegadia en todas las cr\u00f3nicas de la Reconquista); rey \u00e9ste que como reconoce Armando Cotarelo en la p\u00e1gina treinta de su obra Alfonso III el Magno (1) su padre don Pelayo tuvo en Li\u00e9bana propiedades y el propio Favila tuvo all\u00ed su residencia. Tuvieron dos hijos, la princesa Adosinda y Fruela, que llev\u00f3 el nombre del hermano del Rey Alfonso, hijo tambi\u00e9n del Duque de Cantabria, que desde su esp\u00edritu guerrero tanto apoy\u00f3 los inicios de la Reconquista. El Rey Fruela a su vez tuvo como hijo a Alfonso II el Casto, que al morir sin descendencia, extingui\u00f3 esta l\u00ednea com\u00fan del tronco familiar de Pelayo y de Pedro, Duque de Cantabria.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El cetro real pas\u00f3 ya en exclusiva a la familia del Duque de Cantabria. Fueron Reyes los hijos de Fruela, el hermano del Rey Alfonso I, nietos de Pedro: Aurelio y Bermudo. Este \u00faltimo fue Rey entre el a\u00f1o 789 y el 792 y como escribi\u00f3 el padre Enrique Fl\u00f3rez en su libro Las Reinas de Espa\u00f1a, tiene&nbsp;<em>\u201cla gloria de ser tronco del \u00e1rbol de nuestra Casa Real y no haber tocado otros la materia, conviene no omitirla\u201d<\/em>. Su hijo el pr\u00edncipe Ramiro \u2013bisnieto del Duque de Cantabria- al imponer la sucesi\u00f3n en la Corona, represent\u00f3 un hito en la monarqu\u00eda c\u00e1ntabro-astur, tal y como afirma la historiadora asturiana Isabel Torrente al reconocer \u2013como tambi\u00e9n lo se\u00f1alaron otros destacados estudiosos de esta \u00e9poca- que llev\u00f3 parejo el triunfo definitivo de la dinast\u00eda de Pedro de Cantabria sobre la de Pelayo. El tambi\u00e9n investigador asturiano Garc\u00eda Tora\u00f1o reconoce este hecho que demuestra, insistimos, que entre el Rey Vermudo \u2013y no don Pelayo- y el actual Monarca hay trece siglos de historia de Monarqu\u00eda Espa\u00f1ola.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Armando Cotarelo, historiador tambi\u00e9n asturiano, en su libro Alfonso III el Magno \u2013que en su reinado visit\u00f3 Cosgaya para inaugurar una iglesia y conocer la tierra de sus antepasados-, escribe que cortada la sucesi\u00f3n masculina de don Pelayo, la Corona del primer reino vino a quedar vinculada en la misma familia de los dos insignes Alfonsos (la de Pedro, Duque de Cantabria)&nbsp;<em>\u201cy no sali\u00f3 de ella en varios siglos\u201d, para a\u00f1adir de forma concluyente: \u201cel verdadero tronco de los antiguos monarcas de la Reconquista fue Pedro, Duque de Cantabria\u201d&nbsp;<\/em>(p\u00e1gina 31).<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Hace algunos a\u00f1os descubr\u00ed un informe de la Real Academia de la Historia de fecha 4 de abril de 1916 (aprobado por la Academia en su junta ordinaria del 7 de abril del mismo a\u00f1o), al que nunca se ha hecho menci\u00f3n en estudios hist\u00f3ricos sobre Cantabria y que curiosamente aparece reproducido en la introducci\u00f3n del libro de Alfonso III el Magno de Armando Cotarelo.(3). En la p\u00e1gina veintiocho de la referida obra, Cotarelo ratifica lo afirmado por la Real Academia al afirmar que \u201clos or\u00edgenes de esta nueva dinast\u00eda deben buscarse en la ind\u00f3mita Cantabria\u201d, a\u00f1adiendo que as\u00ed lo entendieron tambi\u00e9n muy c\u00e9lebres historiadores, como Morales (Cr\u00f3n. Gen., lib. III,cap. 4); Garibay (Comp. Hist., part. I, lib. VIII, cap. 8); Sota (Cr\u00f3n. de los pr\u00edncipes de Ast. y Cant., lib. III, cap. 42); Trelles (Asturias ilustr., II,50), etc\u00e9tera.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Un \u00faltimo apunte por hoy. La Reina Adosinda (774-783) que La Nueva Espa\u00f1a cita como la \u00faltima de nacionalidad asturiana, era hija de Alfonso I el Cat\u00f3lico, nacida como su padre en el solar lebaniego. Su influencia era tan importante que logr\u00f3 que su esposo, el noble Silo, se convirtiera en Rey en un tiempo en el que no se heredaba la Corona, aunque \u00e9sta no saliera en ning\u00fan momento de la familia del Duque de Cantabria. Eran los tiempos en los que el n\u00facleo originario del primer reino estaba en Li\u00e9bana hasta que se fue extendiendo hacia la zona de Asturias, fij\u00e1ndose la capitalidad en Cangas de On\u00eds, parte asturiana que siempre fue c\u00e1ntabra como reconoce el nada sospechoso historiador S\u00e1nchez Albornoz. Y tan c\u00e1ntabra fue esa zona que, recordemos, los municipios de Pe\u00f1amellera Alta y Baja fueron c\u00e1ntabros hasta la mitad del siglo XIX; es decir, a efectos hist\u00f3ricos hasta ayer mismo. En consecuencia, la Monarqu\u00eda tuvo sus inicios en Li\u00e9bana y de Cantabria fue la primera dinast\u00eda. Ma\u00f1ana concluiremos estas reflexiones.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El necesario reconocimiento del Ducado de Cantabria El gran historiador Enrique Fl\u00f3rez escribi\u00f3 en el siglo XVIII en su libro [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"parent":0,"menu_order":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","template":"","meta":{"site-sidebar-layout":"default","site-content-layout":"","ast-site-content-layout":"default","site-content-style":"default","site-sidebar-style":"default","ast-global-header-display":"","ast-banner-title-visibility":"","ast-main-header-display":"","ast-hfb-above-header-display":"","ast-hfb-below-header-display":"","ast-hfb-mobile-header-display":"","site-post-title":"","ast-breadcrumbs-content":"","ast-featured-img":"","footer-sml-layout":"","ast-disable-related-posts":"","theme-transparent-header-meta":"","adv-header-id-meta":"","stick-header-meta":"","header-above-stick-meta":"","header-main-stick-meta":"","header-below-stick-meta":"","astra-migrate-meta-layouts":"default","ast-page-background-enabled":"default","ast-page-background-meta":{"desktop":{"background-color":"var(--ast-global-color-5)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"tablet":{"background-color":"","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"mobile":{"background-color":"","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""}},"ast-content-background-meta":{"desktop":{"background-color":"var(--ast-global-color-4)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"tablet":{"background-color":"var(--ast-global-color-4)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""},"mobile":{"background-color":"var(--ast-global-color-4)","background-image":"","background-repeat":"repeat","background-position":"center center","background-size":"auto","background-attachment":"scroll","background-type":"","background-media":"","overlay-type":"","overlay-color":"","overlay-opacity":"","overlay-gradient":""}},"footnotes":""},"class_list":["post-24","page","type-page","status-publish","hentry"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.ducadodecantabria.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/24","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.ducadodecantabria.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/pages"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.ducadodecantabria.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/page"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ducadodecantabria.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.ducadodecantabria.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=24"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/www.ducadodecantabria.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/24\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":304,"href":"https:\/\/www.ducadodecantabria.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/pages\/24\/revisions\/304"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.ducadodecantabria.org\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=24"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}